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Plazas de Maracaibo. Del lugar a la imagen

abril 21, 2012

Las plazas son hechos completamente urbanos, sólo existen dentro de las ciudades. Una definición convencional nos informa que las plazas son ámbitos públicos, generalmente descubiertos, limitados por calles y edificaciones, y que sirven como lugar de encuentro de la comunidad.  Esta definición funciona en varios niveles. Primero, distingue el uso público de la plaza en contraposición al privado de un jardín o patio. En segundo lugar, define como límites a los elementos arquitectónicos y urbanísticos que configuran el espacio de la plaza, pero no forman parte directa de ella. Y, finalmente, se enfoca en los usos dados a la plaza, entendiendo que su función original es servir de lugar de encuentro entre los ciudadanos, en medio de calles que propician el desplazamiento y edificios que resguardan la vida privada.

Maracaibo cuenta, en su zona metropolitana, con casi ciento cincuenta plazas, de diversos tamaños, orígenes y usos. Siguiendo un recorrido, que liga la historia de la ciudad con la historia de sus espacios públicos, hemos seleccionado un pequeño conjunto de plazas.  Mediante esta selección, basada en la relevancia histórica de los espacios y en su identificación con los preceptos urbanísticos de cada periodo, buscamos ilustrar como los cambios en la manera de habitar y percibir lo urbano condicionan el uso o función asignado a las plazas.

Así la Plaza Bolívar y la Plaza Baralt corresponden a la ciudad original; la Plaza del Buen Maestro a los inicios de la expansión urbana; las plazas Indio Mara, Alonso de Ojeda y Las Madres, erigidas todas como parte de las celebraciones del Trisesquicentenario del Descubrimiento del Lago de Maracaibo, responden a los ideales de la primera modernidad[1], de forma cercana a como lo hizo la Plaza de la República; el Paseo Ciencias y el Parque La Marina surge como expresión de una idea higienista de la ciudad y, finalmente, el Monumento a la Virgen de Chiquinquira habla de la actual cultura de la imagen.

Esta somera revisión histórica se interesa en el cambio de función como una manera de acercarse a los cambios de mentalidad. Por ejemplo, el nacimiento de la plaza Baralt (al igual que el del Ágora Griega) está dado por la necesidad de encuentro entre los hombres citadinos, luego ese encuentro deja de tener sentido de intercambio tangible y se convierte en lugar de intercambio simbólico, por eso ahora hablamos de la plaza como espectáculo.

Al proponer una lectura que va del lugar a la imagen, nos referimos a conceptos que se despliegan entre situaciones tan diversas como: entender el hecho urbano de la plaza desde las necesidades de interacción propias de la vivencia cotidiana o desde la necesidad de ofrecer al ciudadano un espectáculo público, pasando por la idea de la construcción de espacios cuya principal función es la representación. Si bien la fundación de la ciudad obedeció a la lógica de la necesidad, normalizada en las Leyes de Indias, en el siglo XX y XXI los gobernantes zulianos han abordado el tema de la construcción de espacios públicos más como necesidad discursiva que como acción de desarrollo urbano.

La historia está sucediendo cada día en las plazas marabinas. El transcurrir del tiempo histórico no es una línea de pasos consecutivos, sino un permanente solaparse, sumarse, aglutinarse. Cada espacio fue constituido dentro de un “modo de hacer” y de pensar que correspondía con el espíritu y los valores de su época. Hoy todas esas funciones y concepciones del espacio público coexisten, lo histórico es carne urbana y los habitantes de la ciudad hacen vida en plazas muy diversas, esa diversidad es parte de la riqueza de la contemporaneidad. Es el legado patrimonial en acción.

Susana Quintero Borowiak.

Texto escrito para una exposición a realizarse en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia,  Maracaibo, Venezuela.


[1] Para definir el arco temporal de la modernidad en la arquitectura venezolana (extensible a la construcción de espacios públicos) nos apoyamos en una periodización derivada de referencias a los análisis de William Niño Araque y del estudio de algunas de las edificaciones más representativas, y que contempla 3 momentos: 1) Antecedente. Caída del Eclecticismo (1929-1938). 2) Modernidad: Primera Modernidad (1939 -1949) y Plena modernidad y compromiso social (1950-1958). 3) Epílogo inconcluso. Búsqueda del Minimalismo (1959-1970-¿?)

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