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Una vez Once

enero 29, 2011

Pensar el arte actual es pensar un entramado de relaciones en las que las definiciones y los límites son cada vez más inaprensibles. No es que el arte agonice, no. Ni que la obra apueste a la disolución. El arte es una institución viva y las obras siguen concretándose en objetos, ideas, acciones, sonidos, gestos. El desplazamiento de la noción de arte, en nuestro tiempo, tiene que ver más bien con un descentramiento del signo que con una desaparición de lo concreto. Ese movimiento es un tránsito hacia el borde, hacia el límite. Lo que sucede, en el arte, sucede cada vez más en la zona de osmosis, de intercambio, en el margen que se abre a la relación.

Es imposible hoy en día imaginar una obra autónoma y un creador tocado por la mano de los dioses. Toda obra es un punto de encuentro y apertura, configura el mundo y es configurada por él, está contaminada de realidad, pero además contamina a la realidad. Un artista es alguien que modela signos para producir “algo” que mostrar.

Una vez Once reúne a once artistas zulianos asociables bajo esa premisa, producen obras (para mostrar) que surgen de una transacción liminar con la realidad. Ninguna de las piezas expuesta puede adscribirse a un género o medio específico, ni siquiera lo intentan, su intención más bien es producir sentidos, pero sentidos multívocos y relacionales que se enlazan con distintas disciplinas o construcciones del mundo.

Geógrafos, historiadores y agrimensores. Ernesto Montiel se dedica laboriosamente a producir topografías ficticias a partir de bellos papeles que revelan su vínculo con la arquitectura y su preocupación por el paisaje. Mientras que Christian Vinck relee la historia regional a través de una pintura  con fuertes rasgos referenciales. Oswaldo Pontón documenta la cotidianidad aparentemente pacifica con la que nos va cercando la violencia diaria. Y María Fernanda Guevara propone un paisaje que no es paisaje a partir de rastros de una memoria que no es memoria sino acción calculada.

Politólogos, sociólogos y exorcistas. Camilo Barboza se ampara en lo lúdico para representar una situación política que a veces parece alcanzar dimensiones atmosféricas ineludibles. Armando Ruiz dota de ascendente antropomórfico explícito a las armas que sólo los hombres saben construir. José Perozo apela al oficio textil para mostrar el registro poético de una parafilia. Mientras que Armando Rosales construye una maquina que habla de la imposibilidad de relacionarse.

Dibujantes, escultores y compositores. El sonido llena el espacio y el soporte físico de ese sonido se hace materia de dibujo en la obra de José Gabriel Hernández. Juan Pablo Garza interviene la realidad y analiza los puntos de vista para producir escultura desde sus fotografías bidimensionales. Marco Montiel-Soto dibuja con las letras, con el ritmo del teclear.

Susana Quintero-Borowiak. Texto para la exposición Una vez Once. Al Borde. Maracaibo. Enero 2011.

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One Comment
  1. I personally think this specific blog post , “Una vez Once
    Sistemas Optimistas”, quite enjoyable and the post ended up being
    a superb read. Thank you,Selena

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