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Una mirada (inevitablemente subjetiva) a la V Bienal de Maracaibo.

abril 29, 2010

La pertinencia de un salón de arte se manifiesta en su capacidad para promover la reflexión y en su poder para convocar e inquietar. En la actualidad el modelo institucional de la estructura “salón” ha sido sometido a revisión desde muchas aristas. Las alternativas contemporáneas incluyen no sólo la figura convencional, del evento de convocatoria abierta, si no también los salones que cuentan con un curador que se encarga de la selección preliminar de los artistas en concurso o la posibilidad de acotar el universo de participación a través de un tema especifico.

La Secretaría de Cultura de la Gobernación del Zulia y el Comité Organizador de la Bienal de Maracaibo, abordaron el relanzamiento de este proyecto desde la doble misión de conectar al evento con su tradición de cuatro ediciones anteriores, bajo la figura de salón abierto, y la indiscutible necesidad de vincularlo con las dinámicas actuales. De allí la decisión consensuada de establecer como marco referencial el tema del Ambiente. Tema acotado y difuso, con una clara alusión al pensamiento ecologista, pero abierto a la posibilidad más elemental de reflexionar sobre el entorno inmediato, sobre el mundo material y vivencial. Definir este tema pretendía proponer a los artistas una dimensión de especulación sobre la relación entre los problemas del mundo y los problemas del arte, poniendo el acento sobre lo concreto.

El resultado de esta propuesta fue una convocatoria nacional masiva y la selección de casi 160 obras exhibidas en cuatro de las más importantes instituciones de la región. Las piezas seleccionadas son absolutamente heterogéneas, la amplitud del tema propuesto abrió el compás de posibilidades y junto a la obra que aspira denunciar el deterioro del medio ambiente natural encontramos la que busca poetizar en una imagen visual la más simple cotidianidad. Pero más allá de esa riqueza manifiesta en la heterogeneidad mirar la V Bienal de Maracaibo abre un compás de preguntas acerca del arte venezolano actual.

Si medimos el éxito de lo convocatoria en términos estadísticos la Bienal ha sido muy exitosa, no sólo logró la inscripción de más 500 piezas al concurso, sino que estas obras realmente llegaron de todos los extremos del país, permitiendo reunir dentro de la misma exhibición a artistas vinculados sólo por su nacionalidad y su actividad en el momento actual. La mayor parte de las obras se adscriben a géneros convencionales, sobre todo a la pintura. Parece que ser pintor sigue siendo el primer sinónimo de ser artista en Venezuela. Pintura en todas sus manifestaciones: paisajes, denuncia social, popular, expresionista, lírica, geométrica, matérica. La pintura, dentro de su estatuto clásico sin ser problematizada como medio, sigue siendo la vía de expresión más popular entre los artistas de nuestro país.

Fotografía, escultura y grabado están representadas en menor medida. En el ámbito de los fotógrafos la inmediatez del medio les permitió, en algunos casos, realizar imágenes directas que muestran de forma perturbadora la degradación ambiental de nuestras ciudades. Todas las fotos, directas o intervenidas, tienen un matiz de denuncia que puede ser o no literal, pero que quiere obligar al espectador a mirar aquello que generalmente deja de lado en el afán cotidiano. Si mirar la pintura nos hace divagar sobre la idea clásica de arte, observar las fotos exhibidas pone el acento en la relación entre la visualidad contemporánea y los medios de masa. Hay un vínculo manifiesto entre la imagen periodística o la saturación mediática y muchas de las fotos de la Bienal.  La escultura y la gráfica también se adscriben con bastante corrección a las prácticas canónicas de sus respectivos medios.  Algunos esfuerzos de ensamblaje, algunas piezas de escultura blanda subvierten un poco lo clásico sin abandonarlo del todo. Finalmente, muy pocos artistas trabajan instalaciones o proyectos no convencionales. Las obras desarrolladas bajo esta línea, al igual que las fotografías, usan recursos literales (con mayor o menor matiz de metaforización o ironía) para señalar el deterioro del ambiente y las relaciones (casi siempre predatorias) del hombre con la naturaleza.

Al recorrer los espacios de la Bienal, pensar en su tema, y reflexionar sobre la naturaleza de las obras exhibidas queda la sensación de ser aún individuos contemplativos.

Susana Quintero-Borowiak. Publicado en el catálogo de la V Bienal de Maracaibo. Gobernación del estado Zulia. Secretaría de Cultura. Maracaibo. Febrero 2010.

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