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Ruta 2. Alberto Asprino

abril 3, 2010


Apuntes para la construcción de una memoria imaginaria

“El alma encuentra en un objeto el nido de su inmensidad”
Gaston Bachelard

La realidad se nos presenta desde la apariencia de las cosas. Está mediada, y contaminada, por las imprecisiones de nuestros sentidos, el flujo del lenguaje y los datos acumulados en cada enciclopedia personal. Las imágenes exhiben y ocultan, dicen y niegan, ilustran y engañan. La experiencia humana de lo real no puede ser absoluta, es incompleta y contingente como la propia existencia. En el contexto parcial e impreciso de la comprensión humana la obra de arte, sobretodo la contemporánea, es un instrumento para profundizar la duda. No ofrece respuestas, sólo aspira formular nuevas preguntas a aquel que la inquiere.

Cuando una obra de arte aparece desde la apropiación de objetos cotidianos, descolocados de su historia habitual, sucede además que el sistema del arte establece un diálogo directo con el mundo de la vida diaria. En ese orden de relaciones, establecido por obras elaboradas a partir de desechos cotidianos, los elementos utilizados se hacen significativos apelando a mecanismos muy distintos a la los usados representación artística clásica. La comunicación se establece desde la afectividad. La imagen ofrecida por los objetos busca despertar sensaciones íntimas antes que establecer sentidos precisos, inteligibles colectivamente.

Esta situación intimista satura todo el trabajo artístico de Alberto Asprino. Su obra, habitada intensamente por los impulsos humanos de recolectar y acumular, se inicia en una relación cercana con los objetos, un encuentro personal en el que descubre y es descubierto por las cosas.

Casi dos décadas de recorrer los márgenes, en los que se deposita lo abandonado, han convertido su taller en una versión corregida de la cueva de Alí Babá. Un pequeño espacio lleno de tesoros para la imaginación y la memoria. Objetos que llevan guardados años se mueven entre las cajas confiados en salir. Zapatos aplastados esperan revivir sus pasos. Muñecas, tan llenas de cicatrices que se han humanizado, miran desde una mesa queriendo contar sus historias. Es en este espacio lleno de memorias congeladas donde arranca Ruta 2. Una exposición y un recorrido compartidos en los que las miradas cumplen trayectos de ida y vuelta.

Las piezas presentadas aquí, en Ruta 2, abren un arco de trabajo que inicia con Atados de mares y tierras y las tres primeras obras de la Serie Nuevas Lecturas, siguiendo con una selección de obras recientes, en las que el carácter de objeto encontrado e historia por completar se patentizan, para concluir con Alzheimer, pieza ganadora del premio Arturo Michelena en el 2003, y que funciona como epílogo de la muestra. La intención expresa de Asprino a lo largo de todo su trabajo ha sido producir obras que se esfuerzan por recuperar la memoria de los objetos, que se enraízan en la búsqueda del recuerdo perdido. ¿Pero es posible recuperar estas memorias?

Las acciones realizadas por Alberto para intentar esa recuperación. Reunir tablas marcadas por el mar, distribuidas a manera de libros, sobre estantes y muebles tratando de restituir los recuerdos que el tiempo fijó a través de marcas y desgaste, como hace en Nuevas Lecturas, Mi escritorio y Aquel niño zurdo. Usar lienzos como soporte de sus objetos encontrados en la serie Desde la orilla, recreando el paisaje urbano acotado por la economía informal, para negociar entre el sentido emocional y la referencia velada. Exhibir zapatos, desparejados y solitarios, en mostradores o hileras que evocan la presencia de vidas humanas como en Naturaleza muerta, Fragmento II, desde la orilla o Naturaleza muerta, desde la orilla. Revisitar la idea de pintura para enfrentar el miedo al vacío, entendido como disolución de los recuerdos, en un exorcismo personal titulado Alzheimer.

El recorrido establecido por el artista desde el objeto construido (ensamblaje) hasta la exhibición exenta del residuo pasa, obviamente, por una puesta en valor del objeto como testimonio material de la memoria. En cada obra puede percibirse el acercamiento que Asprino propone a los objetos, su búsqueda por hacer que lo que fue sea, vuelva a ser.

La memoria, entendida en su dimensión personal, es un archivo flexible, fluctuante, es un registro, dinámico, fluctuante, lábil y dotado de ubicuidad. A partir de la memoria se construye la identidad individual ya que es la facultad que permite al hombre tener conciencia de si mismo, reconocerse idéntico en el tiempo. La memoria humana es un proceso subjetivo. Mientras, en la dimensión de los objetos, la memoria se manifiesta en las marcas y el deterioro producido por el uso, el paso del tiempo y la exposición a la intemperie, es una condición física, material y tangible.

Según Krzysztof Pomian, citado por Candau (p. 96), existe una secuencia que cumplen los objetos comunes antes de ser considerados patrimoniales (o en nuestro caso museables). Los objetos en principio son cosas, tienen un valor y una función concreta en la vida cotidiana, luego al perder esa utilidad práctica se convierten en desecho, pero tienen la posibilidad de transformarse en objetos patrimoniales si reúnen “características visibles que pueden adquirir significaciones” y entrar así en los correspondientes circuitos de exhibición.

La secuencia, planteada por Pomian, se verifica de manera extrema en las obras de Alberto Asprino, los objetos recolectados adquieren estatus de museables en función de sus relaciones con la institución Arte y con las posibilidades de adquirir significación a través de la interacción con el espectador. Todas estas relaciones (intersubjetivas, institucionales y de sentido) parten de la propuesta discursiva del artista y su intención de escudriñar en la memoria de los objetos.

Entonces entender el sentido de la memoria en las obras de Asprino pasa por un proceso fenomenológico en el que los objetos se proponen a la percepción desde un espacio real, pero extensible al campo de los propios recuerdos. Según Bachelard: “Las grandes imágenes (aquellas capaces de prevalecer en la memoria o en la cultura) tienen una historia y una prehistoria. Son siempre a un tiempo leyenda y recuerdo. No se vive nunca la imagen en primera instancia. Toda imagen grande tiene un fondo onírico insondable y sobre ese fondo el pasado personal pones sus colores peculiares.” (p. 68). Exactamente sucede con Ruta 2. Los pequeños objetos musealizados (recolocados) poseen una historia como desechos y una prehistoria como cosas del mundo cotidiano. Pero su actualidad como obras de arte no puede ser capturada desde la primera impresión visual, sino desde las cualidades imaginarias que cada espectador otorga a los objetos al colocarlos sobre el fondo de su pasado personal, de sus propias memorias que ahora atraviesan lo visto y lo ponen en valor. O dicho en palabras de Alberto Asprino: “Ruta 2… Suerte de paisaje emocional que se convierte en espejo de nuestras propias miradas”.

Susana Quintero-Borowiak.
Publicado en el catálogo de la exposición. Ruta 2. Alberto Asprino. Maracaibo 2006

Bibliografía.
Bachelard, G. (1965). La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica.
Candau, J. (2002). Antropología de la memoria. Buenos Aires: Nueva Visión.
Merleau-Ponty, M. (s.f.). Fenomenología de la percepción. México: Fondo de Cultura Económica.

Mi escritorio

Mi escritorio

Desde la orilla

Alzheimer

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