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Para cazar al bisonte

abril 3, 2010

El arte es el eslabón perdido y no los que existen. El arte no es lo que tú ves, el arte es un vacío. Marcel Duchamp.

El gran desplazamiento teórico del siglo XX surgió cuando la pregunta metafísica: ¿qué es el Arte?,  fue sustituida por otra de corte más bien sociológico: ¿cuál es la función del Arte? Esta nueva pregunta surge de varios presupuestos. En principio niega la posibilidad de una definición universal, pero se abre al hecho de que el Arte existe en todos los tiempos y en todas las culturas desde que el hombre es hombre, lo que cambia es su función, su uso social.

Desde esta nueva perspectiva no puede existir obra de arte sino desde la intersubjetividad. La institución Arte es común a la humanidad, en tanto que elemento simbólico, ritual, comunicativo o estético, la forma de esa institución es particular, depende de las relaciones que configuren los sujetos de una determinada sociedad con respecto a ella.

En la sociedad contemporánea la institución Arte es un complejo entramado, que incluye artistas, obras, museos, galerías, redes editoriales, universidades, promotores culturales, críticos, curadores, por sólo mencionar algunos de los elementos que la constituyen. Esta trama conforma estructuras de valoración intersubjetiva, los objetos se transforman en obras de arte cuando los sujetos se ponen de acuerdo para aceptarlos como tales. La función de estas obras ya no es garantizar el sustento de la comunidad, mediante una cacería ritual que propicie la real, sino conectar a los individuos.

Para Ofelia Soto su obra debe entenderse como un “resonar del mundo”, un resonar que fluctúa entre el adentro y el afuera, entre expresar e interpretar. Al producir una pintura el artista vierte en ella sus ideas, intuiciones y recuerdos, su enciclopedia en términos de Eco. En un trabajo abstracto como el de Ofelia estas referencias no se aparecen directamente, son más bien evocaciones escurridizas, sugerencias de formas naturales, de espacios oníricos, imágenes que aluden a la naturaleza sin pretender ser naturalistas. Esta ambigüedad abre el juego. Presenta al  espectador un algo que podrá recrear, pero no un algo puro y sin mácula encerrado en un espacio de auto-referencialidad. Al contrario, cada obra da al espectador la oportunidad de esbozar sus propias emociones, rememorar paisajes o simplemente adentrarse en la contemplación libre de formas y colores, su manera de conectarse con la pieza será un puente que complete el vínculo propuesto durante su creación. La obra de Ofelia niega la posibilidad de entender el arte abstracto como autónomo, su obra no está puesta en el mundo para referir a algo más allá del mundo, simplemente existe para intentar romper esa idea dual entre existencia e imaginación, entre ser y hacer, entre arte y naturaleza, entre espectador y artista.

Las pinturas, acuarelas y objetos reunidos en Para cazar al bisonte se desenvuelven como obras de arte en este campo de función actual, son tributarias de la tradición moderna en la medida en la que expresan la voluntad creadora de la artista, su interés por la experimentación, pero son profundamente contemporáneas en su relación con el espectador.

Este intento de reconciliar lo dual, de fomentar diálogos, sucede en principio en la estructura interna de las piezas, en el proceso mismo de creación. Ofelia parte de una idea estructurada para dejar trabajar a la intuición y al azar. Hace uso de los efectos fortuitos de los materiales a partir del dominio absoluto de la técnica. Los accidentes están “controlados”. Cada obra resulta del intercambio armonioso entre la racionalidad, la emoción y la contingencia.

La relación pigmento soporte supone una infinidad de posibilidad en los resultados. Los accidentes del material abren otro campo de expresión, distinto al proyectado, pero que contienen elementos valiosísimos para el resultado final. El proyecto original, la idea original es una brújula, sirve de guía, pero no marca definitivamente la ruta a seguir, esta se adaptara (hablando metafóricamente) y así el resultado final será tan inesperado para la artista como para cualquier espectador. Casualidad y causalidad se equilibran en justa medida para producir objetos de arte.

En ocasiones he escuchado a Ofelia repetir: “en la acuarela hay tantas técnicas como papeles” y en esta exposición se demuestra como esa disposición a experimentar con los materiales (y en consecuencia con las técnicas) puede producir obras inquietantes, abiertas a preguntas. En Para cazar al Bisonte se exhibe por primera vez una selección de acuarelas elaboradas sobre papel para fotografía digital y sobre MDF laqueado. Ambos soportes parecerían incongruentes al pensar en la fluidez del agua, ambos son poco porosos y apenas aceptan el pigmento, sólo la osadía de Ofelia es capaz de dar como resultado pinturas con una calidad matérica y un brillo muy difíciles de lograr usando acuarela en soportes más acogedores. La materia presente en estas piezas podría recordar a los informalistas, pero se alejan de cualquier etiqueta a través de su capacidad para mantener una sutil atmosfera.  Aunque en estas acuarelas la transparencia y la yuxtaposición de colores siguen siendo primordiales, el peso de lo material es tan fuerte que produce sensaciones telúricas, asociadas a los principios más elementales de la naturaleza: Fuego, Aire, Tierra y Agua, se delinean frente a los ojos del espectador sensible.

Si la acuarela es matérica, en esta exposición, el óleo es mucho más transparente y tenue de lo que acostumbramos a ver; porque aquí Ofelia logra trasponer  efectos traslucidos dotados de una fluidez poco usual en la pintura de caballete. Hay un ir y venir en el oficio de esta artista, logra espesor táctil en las acuarelas y ríos lánguidos en el óleo. Hace de una técnica el espejo de la otra.

Este ir y venir formal logró generar una reflexión conceptual que se materializa en la serie Non Finito. Desde 1987 la artista ha experimentado el uso del silencio en sus obras. La pregunta inmediata, del lector escéptico, sería ¿silencio, y acaso las pinturas suenan? No, las pinturas no suena, pero igual que la música tienen un ritmo dado por el equilibrio entre sus elementos, por la necesidad del vacío para garantizar la existencia de la forma.  Generalmente, cuando se trabaja acuarela sobre papel, los espacios blancos requeridos en la obra son áreas a las que no se aplica pigmento. Ofelia lleva esto al extremo. Esas áreas sin color, que exponen el soporte, no son únicamente espacios vacíos, sino que por efecto compositivo logran funcionar como volúmenes, como forma. En óleos como Locas raíces y Mar de leva en el atolón o acuarelas como Tlamantini, las partes no acabadas (non finitas) de las obras son en realidad las que marcan el ritmo, emulando completamente el ejemplo de la música.

Hay mucha influencia del pensamiento y la pintura oriental en estos trabajos, mucho interés en expresar a través del arte una concepción del mundo que se nutre de fuentes diversas. Un antiguo texto budista, el Sutra del corazón, afirma que: “… el vacío es igual a la forma y la forma es igual al vacío. Fuera de la forma el vacío no es; el vacío no es la forma. El vacío es eso que es la forma, la forma es eso que es el vacío. Sólo así son percepción cognición, construcción mental y conciencia…”. Todas las obras de Non finito podrían servir para ilustrar esta idea, insistiendo en la unidad de las cosas, en el permanente devenir del universo, pero también en que esa posibilidad de intuir dicha unidad a partir de la conciencia del vacío. Es allí donde Ofelia apunta a la intersubjetividad e interpela al espectador proponiendo reflexiones acerca de la esencia de la realidad desde la existencia de una obra de arte.

Finalmente, y como una especie de licencia curatorial, decidimos incluir en la exposición una pieza completamente sui generis en la producción de Ofelia. La naturaleza imita al arte, es un objeto encontrado, una suerte de homenaje a Duchamp que propone revisar a Duchamp. No es sólo expresar la voluntad del artista, romper la brecha entre hacer y escoger o desdibujar los contornos institucionales de las nociones de obra y genio creador lo que sucede en esta pieza. Ofelia aspira invitar al espectador a descubrir formas pictóricas y naturales en un objeto producido por accidente. La idea de sensibilizar la mirada a tal extremo que podamos encontrar placer estético en cualquier elemento del mundo es infinitamente tentadora. Sucumbo ante ella, igual que sucumbe a diario Ofelia Soto. Ya no hace falta cazar al bisonte, el arte ahora se dedica a tender puentes.

Susana Quintero-Borowiak. Texto para el catálogo de la exposición: Ofelia Soto. Para cazar al Bisonte. Museo de Arte Contempráneo del Zulia. Maracaibo, 2009.

Imagen gráfica de la exposición. Diseño: Nicasio Andrade

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