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Kcho, ¿pocas palabras?

abril 2, 2010

La necesidad de comprender es parte de la condición humana. Al enfrentar nuestra mirada al mundo automáticamente buscamos encontrar estructuras de sentido, explicaciones plausibles sobre las cosas y los fenómenos que nos rodean, organizamos conocimiento. Detenernos frente al arte contemporáneo dispara ese proceso e intentamos entender, asignar una razón a lo que vemos, pero el puente entre la obra y el espectador abarca aspectos que traspasan los espacios de comprensión racional al hacer visibles los linderos de lo indeterminado. Éste es el lugar de las dudas, el espacio límbico en el que las determinaciones y las especificidades se rozan sin establecer claramente el fin de un aspecto y el comienzo de otro. Es intersección no homogeneizada, contacto tangencial, imposibilidad absoluta y probabilidad inagotable. Lo indeterminado es real, pero no positivo, su existencia se confirma en su condición de inasible y prospectivo.

El trabajo de Kcho es, en muchos aspectos, una ventana a esos espacios de indeterminación, refiriéndonos a ella en un sentido de situación problemática que más que dar respuestas unívocas favorece la formulación de preguntas sobre la naturaleza primaria de los objetos, del arte, de las relaciones espaciales y los entramados ideológicos y estéticos que sostienen o parecen sostener sus obras.

Este aspecto pendular se soporta sobre la estructura formal, no es posible que exista separado de la materialidad y sólo a través de ella comunica, de allí el peso de la selección de los materiales que conforman las obras. Los objetos son atravesados por la carga de sentido que les otorga el arte, no son meras cosas, pero tampoco se trasladan mágicamente a esferas superiores al mundo material. Dicen más de lo que son físicamente, pero lo dicen a través de lo que son como conformación dentro del mundo sensible.

Los ranchos de La Venganza del Pez, las embarcaciones de Objetos Peligrosos o la acumulación de desechos de La Loma, cuentan historias que pasan lógicamente por el tan socorrido argumento de la cubanidad, son crónicas objetuales recogidas por un artista que participa de una visión del mundo construida desde la insularidad, pero son posibles, en tanto obras de arte, porque se insertan en un contexto mayor correspondiente a la Historia Universal del Arte dentro de la cual la presencia de objetos de desecho fue validada hace ya casi un siglo con los ready-mades. La aparente indeterminación presente en el uso de elementos extra-artísticos se soporta en una muy concreta estructura histórica. Pero no sucede así con otros aspectos de la exposición.

Kcho afirma que sus dibujos no son bocetos en el sentido estricto de la palabra. Para él dibujar es una forma de pensamiento, sus dibujos son ideas materializadas. No tienen carácter proyectual. Son una vía para pensar. El proceso mental deviene en acto físico y la imagen en objeto artístico. Un conjunto de dibujos podría entonces entenderse como una serie de divagaciones y no como un proyecto para generar instalaciones. Los dibujos exhibidos documentan un proceso creativo previo, en muchos casos, a la construcción de los objetos, pero son además obras con carácter autónomo, cuyo origen pudo ser en principio la intención de plasmar o aclarar ideas y que se convierten al ser colocadas junto al objeto tridimensional, hacia cuya concreción tienden, en un interlocutor que conecta plano y volumen confrontando lo material con su posibilidad.

Los dibujos de Colonia muestran como sucedió la aproximación al espacio específico en el que la obra está instalada, el camino para llegar desde la imagen de una Columna Infinita hecha de toneles vacíos hasta el gran muro armado con módulos soldados, de cuatro elementos cada uno, que dialoga con la pared frente a la que está colocada y sobre la cual el artista, además, ha dibujado un pequeño boceto de la idea original que es visible a través de uno de los agujeros de la instalación. Además, la utilización de barriles usados en la industria venezolana para almacenar productos derivados del petróleo vincula la instalación con un contexto mayor al del museo que incluye la región geográfica y sus actividades productivas conectando con la vivencia cotidiana del entorno. Sin ser representativa la obra establece una relación referencial, que va desde los vínculos entre diferentes medios artísticos hasta la alusión a un espacio geo-económico determinado.

Con La Loma la relación pendular entre imagen, objeto y espacio aparece al presentar el primer dibujo que Kcho hizo sobre ella junto a la instalación y una representación a carboncillo sobre la pared que reproduce una perspectiva de la obra, en sala, observada por el público. Un espectador atento podría llegar a sentir que está última imagen representa su propio recorrido o que su reflejo se ha deslizado sobre la pared invitándolo a participar. La indeterminación se manifiesta en la relación entre el flujo vital del tiempo en el que el espectador se mueve, y pude entenderse como retratado, y el estatismo de un retrato que se proyecta al futuro para proponer puntos de vista.

El último dibujo, ejecutado in situ para la muestra, es la representación de uno de los módulos de cuatro barriles que conforman Colonia y fue realizado luego de concluir el montaje de la instalación, usando como soporte el cartón con el que se protegió el piso durante la reparación de uno de los Objetos Peligrosos. Según Kcho este dibujo, titulado Retrato de la Colonia, es la bisagra que articula todos los elementos exhibidos, pero es también una manifestación formal de los espacios de indeterminación que marcan su trabajo como artista. El cartón lleno de manchas sobrevivirá a la condición de desecho contado su historia a través de improntas de resina y pintura. El dibujo no es boceto ni estrictamente retrato, es sólo dibujo, pero dialoga con la obra, marca puntos de vista. La sala de exhibición fue taller por una tarde. Los elementos iconográficos siguen hablando del desecho como motivo y de la reconstrucción de un hilo temporal metafórico como tema. Nada es definitivo en la obra de Kcho, sus imágenes nos acercan al derrumbe
desde la acumulación ordenada de la materia, nos propone como diría Marguerite Yourcenar, hablando de escultura que: “Cada llaga nos ayuda a reconstruir un crimen y a veces a remontarnos hasta sus causas.” 1

Susana Quintero-Borowiak
Publicado en el catálogo de la exposición: Kcho. Pocas Palabras. Museo de Arte Contemporáneo del Zulia. Maracaibo, Venezuela, 2004.

Notas:

1 Yourcenar, Marguerite (1989). El tiempo, gran escultor. Madrid: Alfaguara.

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From → Catálogos

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